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Mi Primera Experiencia en la Pascua Como Misionera… Moca

¿Cómo explicarles a todos, mi experiencia como misionera? Con total sinceridad las palabras se quedarían cortas al tratar de explicarles o más bien al tratar de hacerles sentir lo que pude vivir y aprender en mi primera pascua-misión.

Nos ubicamos en Quebrada Onda y San Luis, dos comunidades del pueblo de Moca, llenas de verdes campos y un clima muy agradable; conformadas por familias llenas del amor de Dios. Su acogida fue significativa para mí, ya que me hicieron sentir como si su propia hija. Podía sentir el cariño y la aceptación por parte de todos, lo que me llamo mucho la atención como joven, esa calidez que me brindaron que me ayudo a vivir el amor de Dios durante toda mi estadía.

Para mí fue una experiencia única, una verdadera aventura; motivo de crecimiento personal. Forme parte de un equipo lleno de alegría, entusiasmo, amor, unión, confianza y fe. Fuimos un grupo tan unido que parecíamos de una sola familia, de un solo lugar. No tomábamos en cuenta el hecho de que procedíamos de diferentes partes del país, al contrario, uníamos todas nuestras fuerzas, virtudes y talentos con tal de brindarles a los jóvenes de aquellas comunidades la mejor de sus experiencias. Fue un equipo único, que se ganó mi cariño desde el primer día.

Comenzamos el Jueves Santo lleno de alegría y emoción. Las dinámicas, los cantos y los juegos fueron los protagonistas de este día, acompañado por el entusiasmo y la simpatía de los jóvenes de la comunidad. Se podía sentir la alegría en el aire. Pude formar un lazo fuerte entre los chicos de aquel lugar, entrelazando con ellos gustos y un mismo objetivo, que era celebrar la alegría de Dios vivo. “Solo me basta que sean jóvenes, para amarlos” fue la base que identifico aquel día, y nuestras enseñanzas con ellos. No estaba allá con el simple objetivo de enseñarles, sino que, Dios me había puesto en aquel lugar para aprender de ellos también.  La unión que pudimos formar con  ambas comunidades fue lo que más me toco. La aceptación por parte de los jóvenes fue suficiente para abrirles mi corazón.

El Viernes Santo fue más tranquilo, los jóvenes participaron muy motivados y acudieron de manera placentera, lo que me hizo sentir orgullosa de mi labor como misionera.

Pude profundizar y asimilar la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo. Fue un acto que me toco bastante, ya que, muchas veces como jóvenes solo nos centramos en la diversión, los amigos y la fiesta y no nos tomamos el tiempo de pensar ¿Que quiere Dios de mí?

Y fue precisamente en esta oportunidad en la que pude asentar con mayor seriedad el propósito que Dios tiene conmigo; esa labor que me asigno de animar y de continuar repartiendo su menaje y enseñanzas a los jóvenes.

Perder a un ser querido es un sentimiento inexplicable, y en esta pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo pude enfatizarme más en la postura de la Virgen María. Su sufrimiento, desesperación y angustia por la injusticia del pueblo al crucificarlo, hicieron que mi corazón se estrujara fuertemente. Mi pena era enorme e inexplicable, podía sentir un vacío en mí que no lograba llenar con nada.

A lo largo de mi vida he tenido la dicha de poder participar de varias eucaristías, pero la paz, la serenidad y la alegría que me brindo aquella Vigilia Pascual fue lo que hoy en día me sigue motivando a seguir con mayor énfasis las enseñanzas de Cristo Resucitado. Comenzar todo en absoluta oscuridad y ver cómo nos va cubriendo la luz de la resurrección, son las experiencias que hacen que todo el sacrificio entregado en la misión, valga la pena.

La alegría que se sentía después de sentir la resurrección del Señor era desbordante, justo esa magia que nos hace sentirnos orgullosos de ser Salesianos y sobre todo cristianos.

Mi experiencia en esta pascua misión fue una aventura pero sobre todo una oportunidad de crecimiento tanto personal como espiritual. Por eso motivo a todos los jóvenes a seguir las huellas de Jesús y a llevarle el mensaje de Cristo resucitado a cada rincón del mundo.

Agradezco a la familia Salesiana FMA Jarabacoa,  por la oportunidad brindada, fue una experiencia única que dejo una maravillosa huella en  mi corazón. 

 

Mónica Martes Rodríguez

Animadora – Jarabacoa

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Llegamos al país en el 1937, para la educación y evangelización de los jóvenes
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