OROCOVIS DESPIDE A UN EXCELENTE SER HUMANO, Luis Ángel Ortiz Hernández

funeral

Es impactante ver que hoy no solo llora una familia, llora un pueblo. Madre Mazzarello dijo de don Bosco: “Es un santo y yo lo siento”, y pienso que se pueden decir de Luis Ángel Ortiz también.
Vuelvo a recordar el pasaje bíblico de Tabita. Hoy la capilla del Puente se volvió cielo y Jesús se hizo presente para ver a un pueblo que llevaba en su cara y corazón el perfume de las buenas obras que Luís Ángel ha dejado por su paso por la tierra. “Es un ángel”, algunos han dicho. Y yo miraba como los distintos uniformes resumían su vida. Los vestidos de blanco y negro (como estaba vestido él en la caja) marcaban a los Ministros de la Eucaristía, símbolo del servicio al Señor en la liturgia y hacia los enfermos.

Los de camisas rojas nos recordaban la pastoral matrimonial a la que se dedicó en cuerpo y alma. ¡Solo Dios sabrá cuántos matrimonios ayudó a salvar con su intervención y la de sus compañeros! La camisa de manga larga negra con la sigla OMME (Oficina Municipal de Manejo de Emergencias), su trabajo de día a día sin importar las horas y los sacrificios que costaba estar “24/7” disponible al servicio… y siempre con serenidad y una sonrisa. ¿Será esto santidad?

Servir al prójimo con amor, motivado, alimentado y enganchado, en sintonía, no solo con las ondas radiales de Cumbre 1470 AM, sino con nuestro Señor Jesucristo, compañero de camino. Un solo movimiento: amor a Dios – amor al prójimo hasta el punto de dar la vida.

Hoy un pueblo lo llora, hoy un pueblo reconoce que no hay sustitución, que llenar sus zapatos no será fácil. Hoy una comunidad de fe, incluso sus sacerdotes, reconocen que hay un ejemplo vivo de Evangelio, un modelo de seguimiento del Señor. Hoy un pueblo agradece lo que que desde la humildad, sin fanfarria, este hombre sencillo y alegre ha hecho por cada vida, como lleva la rotulación de su vehículo municipal, un “rescate”.
Que el ejemplo que Luis Ángel Ortiz ha mostrado ante nuestros ojos no caiga en el vacío, sino que llegue a nuestros corazones y que el cariño que le profesamos se mantenga en la memoria colectiva de este pueblo, que lleva como apellido “centro y corazón de Puerto Rico”.

Sor Yolisa Rosario

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Llegamos al país en el 1937, para la educación y evangelización de los jóvenes
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