SEMBLANZA DE SOR JOSEFA MENDEZ

SMa Josefa foto

Muy queridas hermanas Hijas de María Auxiliadora, hermanos Salesianos, miembros de la Familia Salesiana, Exalumnas y Exalumnos del Oratorio y del Colegio María Auxiliadora, bienhechores y amigos,

Nos encontramos reunidos para celebrar la vida, la Vida escrita con mayúscula, la Vida que es Eterna. Nos reúne la fraternidad en medio de una sociedad, de una humanidad que al parecer es destructora y divisoria de los lazos de familia y de amor que han de reinar en la humanidad, porque Cristo Jesús no vino en vano: su muerte nos ha asegurado la Vida.
Nuestra hermana, SOR MARIA JOSEFA MENDEZ VALDIVIA, es testigo de este amor del ser humano a la vida: poseía un corazón grande, abierto, sociable; un corazón de consagrada al servicio de la misión de Cristo Jesús dondequiera se encontrara; un corazón de mujer intuitivo de las necesidades de aquellos que encontraba en su camino, ya fueran sus hermanas salesianas, ya fueran los niños, niñas y jóvenes del colegio, del oratorio o de las catequesis o las mamás o papás que esperando la hora escolar de la salida de sus hijos se beneficiaban de sus prácticos consejos.
Dejemos hablar a sor María Josefa misma en su autobiografía y vida vocacional que dejo escrita:
Nací en Sancti Spiritus, Cuba, el 4 de agosto de 1926, en el seno de una familia donde reinaba el amor y la armonía en línea de los valores cristianos. Soy la menor de tres hermanos, de los cuales mi hermano Rafael está en Cuba y mi hermana Elvira, en los Estados Unidos. Mi padre, Jesús Méndez fue fiel devoto de la Virgen de la Caridad y perteneció a los Terciarios del Carmen. El ejerció su oficio como honrado comerciante, siendo además, generoso, trabajador, cariñoso y muy hogareño. Murió cuando yo apenas tenía 10 años. Mi madre, Teresa Valdivia, una mujer de fe y oración profunda, junto a mi padre, inculcó en nosotros sus hijos el amor a Dios y a María, especialmente la devoción del santo rosario. Crecí en ese ambiente familiar rodeada de admirable ejemplo, participando en procesiones, en la Santa Misa y en la asociación de las Hijas de María.
Conocí a las Hermanas Salesianas en el año 1939 cuando entré a estudiar en el Colegio San Juan Bosco en Sancti Spiritus. El testimonio de las Hermanas, el amor a Jesús y a María, el clima educativo que se vivía en el espíritu de don Bosco y Madre Mazzarello, despertaron en mi la vocación religiosa. La primera hermana a quien le confié el secreto de mi corazón fue a sor Luisa Olalde, entonces la hermana responsable de la capilla del colegio.
En junio de 1944, Madre Amina Arata y sor Catalina Ferrando me recibieron en el Colegio Santa Teresita en Sancti Spiritu para llevarme a la casa de aspirantado en La Habana. Recibí la mantelina el 31 de enero de 1945 entrando ese mismo año en la casa de noviciado en Guanabacoa, donde por dos años recibí una sólida formación eclesial y salesiana que ayudó a consolidar mi vocación.
Profesé el 6 de agosto de 1947 e hice mis votos perpetuos el 5 de agosto de 1953 en la Víbora, Habana, Los primeros 14 años de mi vida religiosa los viví entre el Colegio María Auxiliadora de Santiago de Cuba, en el Colegio Santa Teresita en Sancti Spiritus, en el Colegio María Auxiliadora en La Vigía, en los cuales fui maestra de segundo grado, maestra de labores y catequista.
Dios escribe derecho en los renglones torcidos de la historia humana, así es cuando a raíz de la revolución de Fidel Castro tuve que salir de mi amada patria y en su providencial designio el Señor me destinó a Puerto Rico en 1961 formando parte de la comunidad fundadora que trajo a la isla las Hijas de María Auxiliadora. La bendición de Dios me ha concedido volver de visita a Cuba por dos veces pudiendo compartir nuevamente con mi querida madre antes que fuera a reunirse con mi padre en el cielo.
En mis 54 años en Puerto Rico he vivido en las comunidades de Santurce, Vega Baja, Ciales y Orocovis. He ejercido mi servicio a la comunidad como maestra de kínder y primero, maestra de labores, catequista en el Oratorio, maestra de religión y 22 años como administradora. Una gracia grande que he recibido durante este tiempo ha sido ir de peregrinación a la cuna de nuestros orígenes salesianos en Mornese y Valdoco, Italia. Actualmente me encuentro en el Colegio María Auxiliadora, de Santurce, viviendo con la misma intensidad, dedicación, cariño y amor de los inicios cuando abrimos en suelo puertorriqueño la primera casa de las Hijas de María Auxiliadora ofreciendo todo por el surgir de vocaciones nativas y ver crecer los jóvenes y niños en el espíritu salesiano.”
Gracias, sor Josefa, testimonian las hermanas: te distinguiste por tu fuerte sentido de pertenencia al Instituto, a la comunidad. Tuviste una mirada aguda, muy observadora, no se te pasaba nada, temerosa, pero alegre, te prestabas para el juego, las bromas a costa de tu persona, cualidades todas que ponías al servicio de la comunidad. Soñabas con volver a Cuba, te mantenías unida a tu querida familia y orabas mucho por ella. No eras de mucho hablar, pero participabas con gusto en los encuentros comunitarios y en la oración. Fuiste muy querida por los niños, alumnos, exalumnos y personas allegadas.
Fuertes dolores ocasionados por insuficiencia cardíaca y deficiente circulación, hicieron de su lecho un altar de ofrenda donde la devoción a la Eucaristía y su amor a María Santísima se hicieron muy visibles cuando después de comulgar, en la tarde del sábado 14 de noviembre, un oasis de paz invadió a Sor María Josefa; y así duró hasta el domingo 15 a las 9:20 de la noche, cuando entregó su vida al Padre.
Gracias, querida sor Josefa por ser piedra viva del Monumento de Don Bosco a la Auxiliadora en Puerto Rico. Gracias, por tu callada, abnegada y generosa entrega.
Sor Basilia Ramírez
Provincial

Sor Mercy Guzman

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Llegamos al país en el 1937, para la educación y evangelización de los jóvenes
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